En 2007, el estadounidense Kenton Lee viajó a Kenia y trabajó en un pequeño orfanato cerca de Nairobi. Durante una caminata observó a una niña cuyos zapatos eran tan pequeños que la parte delantera había sido cortada para permitir que sus dedos sobresalieran.
La escena le hizo pensar en una posible solución: crear un calzado capaz de ajustarse a medida que crecieran los pies de los niños.
Lee reconocería posteriormente que no sabía prácticamente nada sobre la industria del calzado. Él y su equipo contactaron a compañías como Nike, Adidas, Crocs y Toms intentando conseguir ayuda para convertir el concepto en realidad, pero ninguna mostró interés.
Desarrollar el producto llevó aproximadamente seis años. En 2012, Lee y su esposa llevaron 100 prototipos a cuatro escuelas de Kenia para probarlos y continuar perfeccionando el diseño.
El resultado fue The Shoe That Grows, un calzado que puede ajustarse en diferentes puntos y expandirse cinco tallas, permitiendo utilizarlo durante años mientras crece el pie del niño.
La iniciativa se convirtió en el producto insignia de Because International, organización fundada por Lee en 2009.
Con el tiempo, el proyecto alcanzó una dimensión internacional. Los datos actuales publicados por la organización indican más de 500,000 pares distribuidos y 120 países impactados.
El proyecto también evolucionó en otro aspecto importante. Desde 2019, los zapatos son fabricados en Mombasa, Kenia, de modo que parte de la producción genera puestos de trabajo en una de las comunidades donde el propio calzado tiene presencia.
The Shoe That Grows demuestra cómo la observación de un problema cotidiano puede terminar convirtiéndose en una solución utilizada a escala internacional.
Todo comenzó con algo aparentemente pequeño: una niña cuyos pies ya no cabían dentro de sus zapatos.
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